DE LA APROBACIÓN PONTIFICIA 1304 AL 1500
El Papa Benedicto XI, dominico, el 11 de febrero de 1304, con la bula
Dum
Levamos aprobó la Regla y las Constituciones de los Siervos de María. En
aquella fecha, la Orden
contaba no menos de 250 frailes, distribuidos en 27
conventos en Italia y en cuatro conventos en Alemania.
En este año (2004) se conmemora el séptimo centenario de la
aprobación pontificia de la Orden. El acontecimientos ha sido recordado con una
importante Carta a toda la Familia de los Siervos por el prior general actual
fray Ángel M. Ruiz Garnica.
El Trescientos, en la vida de la Orden, estuvo marcado por la presencia de figuras ejemplares de frailes, la cual vida ha sido transmitida por importantes documentos históricos. Se pueden recordar: el beato Joaquín de Siena (1306), el beato Buenaventura de Pistoria (1306), el beato Jacobo de Ciudad de la Pieve, mártir, en 1310, por la justicia; el mismo año murió el último de los siete Fundadores Alejo Falconieri; recordamos también los beatos Andrés de Sansepulcro, Ubaldo de Sansepulcro y Buenaventura de Pistoia (1315), el beato Francisco Patricio (1328) y el beato Tomás de Orvieto (1343). Mueren en el Trescientos, santa Juliana Falconieri (1341) y san Peregrino Laziosi (1345).
Entre los frailes del Trescientos recordamos se
encuentran fray Pedro de Todi que fue prior general del 1314 al 1344 y figura
controvertida dentro de la Orden, y también fray Andrés de Faenza, prior general
por 22 años e insigne arquitecto al cual se debe la basílica de S. María de los
Siervos de Bolonia.
El Cuatrocientos se abre en la Orden de los
Siervos de María con el capítulo general de Ferrara (1404) que decidió restaurar
moral y espiritualmente Monte Senario. En el renacimiento de Monte Senario se
vincula el surgir en la Orden, en 1430, la llamada Congregación de la
Observancia que, sin separarse jurídicamente de
la Orden, representó un
movimiento interno reformador; fenómeno que se verificó también en muchas otras
Ordenes religiosas, las cuales si se llegó a la separación: no fue así para los
Siervos de María. La experiencia de la Congregación de la Observancia, en efecto,
para los Siervos de María se concluyó en 1570. Recordamos que en el 1493, los
conventos de la llamada Observancia eran 26 y, antes del 1570, eran unos 60.
En 1424, con la bula Apostólicae Sedis providentia, Martín V ratifica la existencia y la organización de la Tercera Orden, hoy llamada Orden Seglar de los Siervos de María.
En el Cuatrocientos asumen importancia en la Orden como centros de estudios los conventos de la Santísima Anunciación de Florencia y de Santa María de los Siervos en Bolonia.
Figuras insignes de los Siervos de María en el
Cuatrocientos fueron el prior general Antonio Alabanti que, el 27 de mayo de
1487, obtuvo de Inocencio VIII el llamada Mare mágnum, es decir, la bula
Apostolicae Sedis intuitus que contenía todos los privilegios pontificios
concedidos hasta entonces a la Orden. El analista de la Orden Arcángel Giani
atribuye a Alabanti la idea que también los Siervos de María participaran en la Evangelización del Nuevo Mundo, apenas descubierto por Cristóbal Colón.
Entre los santos frailes del Cuatrocientos se recuerdan a los beatos Benincasa de Montepulciano (1426), Jerónimo de San Ángel en Vado (1468), la beata Elizabet Picenardi (1468), el beato Santiago Felipe Bertoni (1483) y el beato Buenaventura de Forlí (1491).
Al final del Cuatrocientos, se funda un convento en Las Cuevas (Aragón), en España; en aquella época los conventos de los Siervos eran cerca de 170 y 1200 frailes.