DEL 1500 A LA CANONIZACIÓN DE LOS SIETE FUNDADORES (1888) 


            El Quinientos para los Siervos de María es un siglo complejo y atormentado en cuanto la Orden resiente los acontecimientos que en este siglo marcan la vida de la Iglesia (el brote de la reforma luterana, 1517; el Concilio de Trento, 1545-1563; la Contrarreforma o reforma católica…). En la Orden, mientras que en el Cuatrocientos habían gobernado 6 priores generales, en el periodo comprendido entre la muerte de Alabanti (1495) y la de Ángel María Montorsoli (1600), se tuvieron unos 20 priores generales, más de la mitad fueron elegidos por el papa. Además, en los primeros años del Quinientos la Congregación de la Observancia tuvo un serio declive. Se recuperará plenamente en la Orden en 1570.

            En 1505 muere en Milán el beato Juan Ángel Porro, considerado entre los primeros que empezaron el catecismo de los niños. Transcurridos pocos años del inicio de la reforma luterana, se empezó a suprimir los conventos de la Orden en Alemania. En 1933, el prior general Jerónimo Amidei de Lucca lanza una fuerte llamada a toda la Orden para reconstruir Monte Senario.

           La Orden estuvo presente en el Concilio de Trento con los Siervo de María Agustín Bonucci, prior general del 1542 al 1553 y Lorenzo Mazzocchio, prior general del 1554 al 1557… Contemporáneamente al Concilio se procede a la revisión de las Constituciones de la Orden: antes del 1548 (Capítulo general de Budrio), después en 1556, en 1569 y finalmente en 1580, bajo el tiempo del padre general de Santiago Tavanti.

            Al final del siglo guían la Orden dos eminentes figuras, fray Lelio Baglioni y fray Ángel M. Montórsoli –no confundirlo con el tío, el Siervo de María y grande escultor Juan Ángel Montórsoli (1507-1563). A Fray Lelio Baglioni, prior general del 1590 al 1597, se le debe una reforma de la Orden actuada con una serie de disposiciones concretas y con el inicio, en el 1593, de la Congregación eremítica de Monte Senario. La Célebre Carta espiritual, escrita por fray Ángel María Montórsoli mientras vivía como ermita en un cuarto del convento de la Santísima Anunciación de Florencia, impactó de tal manera al papa Clemente VIII que obligó a Montórsoli a salir de su reclusorio y lo impuso como prior general en 1597. Como se ha dicho, en el 1570 es reunificada la Orden con la Congregación de la Observancia. Al final del Quinientos, los conventos de los Siervos de María eran 240 y los frailes mas de 1800.


        El Seiscientos es el siglo particularmente recordado en la Orden por la figura de Paulo Sarpi (1552-1623), el más célebre en absoluto de los frailes Siervos de María. Fraile ejemplar, fue fuertemente hostigado por la Curia romana primero como teólogo de la Serenísima República de Venecia y después, por un periodo largo, después de su muerte, por su Historia del Concilio tridentino.

            En 1613 tuvo inicio en Innsbruck, y después en todos los conventos de Austria, la llamada Observancia alemana, sostenida por Ana Catalina Gonzaga que al principio fue guiada por tres frailes traídos de Monte Senario. La Observancia Alemana, como expresión particular de la vida de los frailes Siervos de María, cesará en 1908.

            Con la constitución Instaurandae regularis disciplinae del 1652, el papa Inocencio X, después de haber conducido un riguroso censo de las Ordenes religiosa, impuso una reestructuración forzada para todas. Para los Siervos de María ello significó la supresión de 102 conventos de 261. En realidad fueron 84 los conventos suprimidos. Los Anales de la Orden consideran a este acontecimiento un desastre, pero no fue así. En este siglo se ensancha la Familia de los Siervos (monjas y Tercera Orden); se tiene los primeros intentos de expansión de los Ermitaños de Monte Senario (1614-1623); se empezó, en 1618, la publicación de los Anales de la Orden; renacen los estudios y, en Roma, en 1666, toma vida el Colegio Gandavense con la facultad de dar los grados académicos en Teología. Herede directa del Colegio Gandavense será la Pontificia Facultad Teológica Marianum; en 1671 tuvo lugar la canonización de Felipe Benicio celebrada en la Orden con particular solemnidad; la influencia de Monte Senario en la vida de la Orden continúa aun en los ocho años de gobierno del venerable fray Julio Arrighetti (1622-1705), que fue prior general del 1682 al 1700.

            Entre las figuras ilustres de la Orden y de la Familia de los Siervos en el Seiscientos fueron los analistas Arcángel Giani (+ 1623), Luis M. Garbi (+ 1722) y Plácido Bonfrizieri (+ 1732; fray Querubín Ranzani de Regio Emilia (1675), autor de un “reloj eterno” programado hasta el año 2000; los artistas Juan Ángel Lottini, Arsenio Mascagni, autor de frescos en el castillo y catedral de Salzburgo, Juan Bautista Stefaneschi, pintor y crador de miniaturas; el “portero santo”, fue coronel en el ejército francés, Pierre Paul Terrier Dupré. Recordamos también las claustrales María Benedicta  (Elizabet) Rossi (+ 1648), fundadora del monasterio de s. María de las Gracias de Burano (Venecia) y Arcángela Biondini, fundadora del monasterio de Arco.


            El Setecientos, para la vida de la Orden, tiene elementos contrastantes. En la primera mitad del siglo, los Siervos alcanzan un muy elevado incremento número de frailes, llegando a 3000 unidades. Al final del siglo, sin embargo y en la primera década del Ochocientos, por las supresiones impuestas, la Orden vera la clausura de gran parte de sus conventos y el dispersar de un número grande de sus frailes.

            La primera mitad del Setecientos esta caracterizada por la continua llegada de de disposiciones y decretos en pro de los estudios; conoce un grande desarrollo hacia el culto de los santos y beatos de la Orden gracias también a la canonización, el 27 de diciembre e 17726, de san Peregrino Laziosi y, en el 1737, de santa Juliana Falconieri.

            En 1769 sale el Methodus Studio philosophici et theologici de fray Francisco Raymundo Adami. Este programa de estudios permite hablar de una verdadera y propia Ratio studiorum  en la Orden.

            Desgraciadamente desde los últimos treinta años del Setecientos hasta la toma de Roma (1870), la Orden conoció una serie de supresiones de conventos que llevaron a la mengua de su presencia en Europa. Cronológicamente se tuvieron antes las supresiones en territorios del imperio austro- hungarico, después las de Napoleón Bonaparte y finalmente, aquellas realizadas en el Reino de Cerdeña y por parte del Estado unitario italiano. Estas últimas fueron las que en vano se lucho por intentar restablecer la Orden después del 1815 (Congreso de Viena). Se añade después que, en 1778-79, por disposición del papa, fue suprimida la Congregación eremítica de Monte Senario.

            Figuras notables del Setecientos se encuentran: el Siervo de María brasileño fray y Hugo (Antonio) M. Dias Cuaresma que obtuvo de Clemente XII especiales Constituciones para una Tercera Orden regular de los Siervos de María para fundar en Brasil; fray Felipe M. Serrati que intentó, entre 1738 y 1744, fundar la Orden en China; Carlo Francisco M. Caselli, prior general, consultor teólogo en los tratados concordatarios entre Napoleón y la Santa Sede, después cardenal; fray Amadio M. Bertoncelli, renombrado predicador, después acusado de espionaje y fucilado por Napoleón en 1809. Recordamos las Clausúrales Maria Luisa Masturzi, vinculada a la fundación del monasterio de Roma, hoy de Colle Fanella, y Maria Magdalena de Jesús (Piazza), fundadora del monasterio de Montecchio Emilia.


           El Ochocientos. Para quien ve este siglo en la historia de los Siervos una primera fecha aparece claramente: en 1815 marca el inicio de un restablecimiento que, sin embargo, se confirma precaria. La final del siglo y los primeros del Novecientos registrarán en cambio un renacimiento concreto y duradero –aunque al principio lento- proyectada hacia una continuidad de los años Sesenta del Novecientos. En el centro de este amplio arco de tiempo (1815-1964) se coloca la canonización de los Siete Santos Fundadores (1888).

            Para una Orden de escasas dimensiones como la de los Siervos, ya duramente probada por las supresiones josefinas y napoleónicas en la mayor parte en Italia, las leyes de supresión del Reino de Cerdeña y del gobierno unitario italiano entre 1848 y 1867 fueron fatales. Una carta del prior general fray Bonfilio M. Mura a todos los priores provinciales italianos, escrita en 1863, en el apelo a la urgencia de tomar alguna iniciativa, habla de “cuestión de vida y de muerte”. Por otra parte, es precisamente Mura a enviar a Inglaterra en 1864 los frailes Felipe M. Bosio y Agustín M. Morini para fundar la Orden, en 1874, a fundar la Orden en los Estados Unidos de América.

            Mientras tanto se restablecieron en la Orden las iniciativas para llegar a la canonización de los Siete Santos Fundadores. León XIII, con decisión propia, en 1884 establece que los siete Fundadores pueden ser canonizados de la forma de uno solo, por lo tanto solo se consideran suficientes cuatro milagros. La canonización tuvo lugar en Roma el 15 de enero de 1888. Estuvo presente en el rito fray Antonio M. Pucci, que morirá cuatro años más tarde y que en 1962 será canonizado.

            El acontecimiento de la canonización –que caía en un periodo en el cual las leyes agresivas en relación con los institutos religiosos en Italia empezaba a atenuarse- constituye para la Orden una auténtica inyección de confianza. Si el evento conclusivo de la canonización esta unido al nombre del prior general Pier Francisco M. Testa (1882-1888), el camino hacia ello había sido preparado por los priores generales fray Juan Ángel Mondani (1868-1882) y, tal vez, por el mismo fray Bonfilio M. Mura, unido por una fuerte y personal amistad con León XIII.

            En el Ochocientos surgen muchas Congregaciones religiosas de hermanas Siervas de María que solicitan ser agregadas a la Orden.