INSPIRACIÓN MARIANA

La dedicación total a la
bienaventurada Virgen, “especial refugio, madre singular y propia Señora” de los
Siervos es otro de los elementos
esenciales de la vida de la Orden de los
Siervos de Santa María. Esta dedicación tiene sus raíces en el hecho mismo
realizado por nuestros primeros Padres fundadores al inicio de su camino
espiritual: ellos “temiendo su imperfección, pensaron rectamente ponerse
humildemente ellos mismos y sus corazones, con toda devoción, a los pies de la
Reina del cielo, la gloriosísima Virgen María, para que ella, como mediadora y
abogada, los reconciliara y los recomendara a su Hijo, y supliendo con su
caridad plena a su imperfección, intercediera para ellos la fecundidad de
méritos. Por eso poniéndose con honor de Dios al servicio de la Virgen Madre
suya, quisieron desde entonces ser llamados “Siervos de santa María”.
La Orden en efecto, siempre ha estado convencida de una particular presencia de santa María en su vida: en la hora difícil de los orígenes, a lo largo de los siglos, en el tiempo actual.
Ya en la época de los siete santos Padres y de san Felipe Benicio, los Siervos tuvieron clara conciencia que en el origen de la Orden estaba la figura materna y misericordiosa de Santa María, la Novella plantario, como el papa Inocencio IV, con una imagen de ascendencia bíblica (cf. Is 61, 3; Sal 143, 12), llama a la Orden en la bulla Ut religionis vestrae del 1 de agosto de 1254. Sin duda se conviertió en la mente de los frailes la plantatio Virginia, como la viña plantada por la Virgen y por ella custodiada y defendida.
A lo largo de los siglos la Orden
ha sentido siempre cerca la bienaventurada Virgen, que la veneraba con devoto
servicio como Mujer del anuncio gozoso, de la misericordia real y de la
compasión salvadora. La ha sentido cerca sobre todo en los momentos en el cual,
los acontecimientos de varia naturaleza, habían amenazado la extinción y se
corría el peligro de desaparecer parte de su patrimonio espiritual. En esos
momentos la conciencia de ser la “religio Dominae nostrae” constituyó
para la Orden un motivo de esperanza y una fuerza especial para la renovación de
su compromiso evangélico.![]()
En las Constituciones (normas
internas) de la Orden del 1987 y en algunos textos propios de la Familia
de los Siervos
todo el misterio de la Virgen es propuesta a los Siervos para la
contemplación y al obsequio, pero según la secular tradición de la Orden,
algunos aspectos son puestos en relieve:
- La Encarnación del Verbo, acontecimiento en el cual los Siervos contemplan llenos de veneración la Santísima Virgen de la Anunciación, la mujer del “fiat” (cf. Lc, 1, 38), humilde y llena de fe: y de ella aprenden “a acoger la Palabra de Dios y a estar atentos a las indicaciones del Espíritu;
- La asociación de la Madre a la pasión salvadora del Hijo (cf. Lc 2, 34-35; Jn 19, 25-27), que determina la particular piedad de los Siervos hacia la Virgen de los Dolores;
- La maternal intercesión de la Virgen, Reina y Madre de Misericordia, a la cual los Siervos confiados se abandonan y a la cual misericordia se proponen prolongar en su vida;
- Su glorificación al cielo junto al Hijo, por el cual ella resplandece como la Gloriosa Señora, a la cual los Siervos ofrecen su devoto servicio y bajo el cual patrocinio se refugian.