Ave + María
ORDO FRATRUM SERVORUM BEATÆ MARIÆ VIRGINIS
CCXII CAPITULUM GENERALE 2007



Relictis omnibus,secuti sunt illum Lc 5, 11
Y, dejando todo, lo siguieron Lc 5, 11
La subida de los Siete al Monte, fresco que se encuentra en la pared derecha del coro de la basílica de Monte Senario. El fresco es obra del maestro Pietro Annigoni (1910-1988), milanés, florentino de adopción. En 1983, con ocasión del 750° aniversario de la Orden, los Siervos solicitaron al Annigoni realizar en el santuario una obra que pudiera evidenciar a los Siete Primeros Padres y el Monte Senario. El maestro Annigoni aceptó, pero pidió tiempo para informarse sobre la historia de nuestros fundadores y de Monte Senario. En el otoño (local) de 1985, él dijo estar preparado para ejecutar el fresco con sus alumnos. Cuando hubo completado el fresco, él comentó su obra diciendo: El sujeto es realmente estimulante desde el punto de vista pictórico. Dos son los elementos fundamentalmente presentes: el humano y el naturalístico. Junto al aspecto narrativo (las siete figuras suben con fatiga el monte) el sujeto tiene bastantes contenidos simbólicos: cada figura que sube carga el fardo de las debilidades humanas, de las que podrá librarse solamente llegando arriba, donde la visión de la Virgen representará realmente una conquista. Una conquista espiritual, una purificación conseguida a través de la fatiga, la voluntad, la fe.
En nuestro camino tras las huellas de Cristo, viviendo nuestra vocación a la vida religiosa sobre la estela de los Siete Primeros Padres, cada uno de nosotros lleva consigo, no sólo la perla preciosa descubierta en el Senario, sino también el peso de la fatiga de la conversión, el peso de los propios límites y bienes terrenales que ama mucho, demasiado, y de los cuales tiene que liberarse.
Romae, Curia Generalis o.s.m.
2007
ÍNDICE
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SIGLAS / ABREVIATURAS Carta de presentación (1-6) Y, dejando todo, lo siguieron
TEXTOS I. LA POBREZA EVANGÉLICA, UNa VUELTA A LO ESENcIAL: Pobreza evangélica y vida religiosa (7-9) - Pobreza evangélica: condición y opción (8) - Pobreza y seguimiento (9) Pobreza para la fraternidad (10-13) - Posesión de bienes y comunión (11) - Poder y fraternidad (12) - Poder y servicio (13) Pobreza para una gran Alianza (14-17) - Alianza con nuestro mundo (15) - Alianza con la creación (16) - Un progetto urgente: la Floresta Amazónica (17) La pobreza de los Siervos (18-20) - Pobreza evangélica, una opción personal (19) - Algunas indicaciones (20)
II. COMUNIDAD DE LOS SIERVOS DE MARÍA (21-31) Igualdad en comunidad (21) Pobreza, experiencia personal y vida común (22-26) Casas generalicias (27) - Colaboración - Programación anual Monte Senario (28-29) Eger (30) Conventos históricos a valorizar (31)
III. DESARROLLO PERSONAL DEL SIERVO DE MARÍA (32-44) Animación vocacional (34) Formación inicial Formación permanente (36-37) - Secretariado General para la Formación permanente (37) - Composición del Secretariado - Tareas del Secretariado - Verificación Formación de los formadores (38) Diálogo intercultural (39) Comunidades Internacionales de Formación (40) Centros de Estudio y Documentación (41) Pontificia Facultad Teológica «Marianum» (42) Regentes de los Estudios (43) Comisión Litúrgica Internacional O.S.M (clios) (44)
IV. SERVICIO APOSTÓLICO (45-46) Secretariado General para la evangelización de los Pueblos y Justicia y Paz (45) - Composición del Secretariado - Tareas del Secretariado - Verificación Nuevas presencias de los Siervos (46)
V. ORGANIZACIÓN DE LA ORDEN (47-77) REESTRUCTURACIÓN (47-55) Recualificación de las presencias (48-51) Criterios de verificación para las comunidades (48) Modalidades de realización (49) Acerca de la posibilidad de constituir jurídicamente una comunidad con nueva figura jurídica, dependiente de otra comunidad canónicamente erigida (50) Competencias de los Consejos provinciales o vicariales en derogación a una parte del art. 233/h de las Constituciones (51) Programación a nivel de jurisdicciones (52-54) Prioridades en el mantenimiento de las comunidades (52) Competencias del Consejo General en derogación del art. 282/g de las Constituciones (53) Retroceso en el estado jurídico (54)
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Las colaboración regional (55) COMUNIÓN Y ADMINISTRACIÓN DE LOS BIENES (56-64) Estudio de las previsiones estadístico-demográficas osm (57) Solidaridad (58) El uso responsable de los recursos (59) Nuevas formas de financiación (60)
Colaboración de los laicos Pontificia Facultad Teológica «Marianum» (62) Fondo Capital (63-64) Incremento del Fondo Capital (63) Uso del Fondo Capital (64) DIRECTORIO GENERAL (65-66) Elaboración de un Directorio General (65) Comisión para el Directorio General de la Orden (66) OTROS ASPECTOS JURÍDICOS (67-77) Elección del Prior Provincial en Capítulo (68) Consejeros Generales (69) Centralización. Descentralización (70) Número de miembros del Consejo Provincial/Vicarial (cfr. Const. 231, 249) (71) Organismo de consulta (72) Duración del mandato de los Priores/Vicarios Provinciales (cfr. Const. 225/a, 254/b, 232, 249/c) y de los oficios conexos, priores, párrocos, oficiales (73) Secretariados y Oficiales Generales (74) Capítulo General electivo 2013 (75-77) Preparación del Capítulo General electivo 2013 (75-76) Delegados al Capítulo General (77)
VI. COMUNIÓN EN LA FAMILIA SERVITA (78-82) La Familia Servita (78) Una familia unida que siembra la esperanza (78) Sensus familiae (79) Colaboración (80) Comunicaciones (81-82)
Apéndice I DEL CAPÍTULO GENERAL 2001 (83-88) Con santa María en la búsqueda y en la experiencia de Dios (83-86) Proyecto personal (84) Proyecto comunitario (85) Indicaciones para la formación permanente (86) Justicia y Paz (87) Comunión y solidaridad (88) Apéndice II TESTIMONIO DE POBREZA EVANGÉLICA (Comisión preparatoria) (89-95) Pobreza como libertad para seguir a Cristo (90) Pobreza como libertad para la fraternidad (91) Pobreza como libertad para la solidaridad (92-95) Preguntas importantes (94) Algunas decisiones prácticas (95) A nivel personal y comunitario A nivel provincial A nivel Orden Apéndice III ALOCUCIONES DEL PRIOR GENERAL (96-97) Homilía del Prior General en la misa del Espíritu Santo para la apertura del Capítulo General “Te preocupas y te agitas por muchas cosas” (96) Homilía del Prior General en la misa del día de clausura del Capítulo General Un granito de mostaza (97) Apéndice IV MENSAJES (98-102) Telegrama del cardenal Tarcisio Bertone Secretario de Estado de Su Santidad Benedicto XVI (98) Mensaje al Presidente de la República Federativa del Brasil (99) Mensaje a Mons. Charles Bo, arzobispo de Yangon, Myanmar (100) Mensaje a fray María Soosai, Myanmar (101) Mensaje a las hermanas Siervas de la Madre Dolorosa de la India, Myanmar (102) |
SIGLAS / ABREVIATURAS
Acta osm Acta Ordinis Servorum beatæ Mariæ Virginis (Curia generalis o.s.m., Romæ 1916s).
CG 1989 Orden de los frailes Siervos de María. Capítulo General 1989 (Curia General o.s.m., Roma 1990).
CG 1995 Orden de los frailes Siervos de María. Capítulo General 1995 (Curia General o.s.m., Roma 1996).
CG 2001 CCXI Capitulum generale 2001, Textos del Capítulo General 2001 [aprobados por el Consejo General en la sesión del 3 de enero de 2002 (cfr. Const. 264)] (Curia generalis o.s.m., Romæ 2002).
cif Comunidad Internacional de Formación.
clios Commissio Liturgica Internationalis Ordinis Servorum beatæ Mariæ Virginis.
Const. Constituciones de la Orden de los frailes Siervos de María. Regla de San Agustín (Curia General o.s.m., Roma 1987).
Const. ant. Constitutiones antiquæ fratrum Servorum sanctæ Mariæ a S. Philippo Benitio anno circiter 1280 editæ: Monumenta osm 1 (1897) 7-26 (introducción); 27-54 (texto).
LO Legenda de Origine Ordinis fratrum Servorum Virginis Mariæ.
Regla Regla para los Siervos de Dios de san Agustín.
RI Llamados a servir por amor con santa María. “Ratio Institutionis” de la Orden de los frailes Siervos de María (Curia generalis o.s.m., Romæ 2000, en: Acta osm n.s. I, 1 (2000) 251 p.
unifas UNión Internacional de la Familia Servita.
Prot. 535/2007
1. Queridos hermanos:
Con el presente fascículo el Consejo General publica oficialmente los Textos aprobados por el CCXII Capítulo General de la Orden, celebrado en Ariccia (Roma) del 8 al 30 de octubre de 2007.
El orden de presentación de los textos, propuesto por la Comisión Postcapitular para la publicación de los textos finales (Paolo M. Orlandini, presidente, Riccardo M. Casagrande, Camille M. Jacques), sigue la sucesión de los temas del texto constitucional.
Las actas integrales serán publicadas, a su tiempo, en Acta Ordinis Servorum Beatæ Mariæ Virginis.
2. El CCXII Capítulo General fue precisamente “general”, o sea celebrado por toda la Orden. En efecto, cada uno de ustedes tuvo de algún modo “voz en Capítulo”. Antes de su celebración, cada fraile y cada comunidad pudieron entrar en diálogo con la Comisión Precapitular en los últimos dos años de preparación al Capítulo. Durante la celebración del Capítulo, a través de la lectura de la documentación preparatoria accesible también en el sitio Internet de la Orden y los puntuales noticiarios, cada uno ha podido ofrecer sus propias reacciones y propuestas, además, a través del blog (sitio web interactivo) creado específicamente con este objetivo. Y ahora, teniendo a la vista los textos finales de la celebración capitular, cada fraile y cada comunidad son invitados a hacer propias las declaraciones y a llevar a la práctica las decisiones capitulares.
El tema de la pobreza evangélica marca cada sección de los textos capitulares. Nuestra Orden, reflexionando sobre el tema-guía Y, dejando todo, lo siguieron (Lc 5, 11) vuelve a meditar sobre su propósito de discipulado y saca inspiración de los primeros discípulos y de los Siete Primeros Padres.
Los primeros discípulos
3. Según los evangelios sinópticos, la llamada de los primeros discípulos, Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan (cfr. Mt 4, 18-22; Mc 1, 16-20; Lc 5, 1-11) ocurrió –si así se puede decir– sin discusión. Ellos estaban ocupados en su profesión de pescadores. Jesús se acercó y les dijo: Síganme, les haré pescadores de hombres (Mt 4, 19; cfr. Lc 5, 10). Y, dejando todo, lo siguieron (Lc 5, 11; cfr. Mt 4, 22; Mc 1, 20). No hubo compromisos por establecer o condiciones a respetar, para encaminarse tras las huellas del Maestro, sino sólo docilidad y disponibilidad, una respuesta afirmativa, libre, inmediata. Nuestra Orden quiere hallar tal docilidad y disponibilidad en su seguimiento de Cristo, superar lo que le es de obstáculo (cfr. nn. 7-20) crecer en la vida de las comunidades y de cada fraile (cfr. nn. 21-44) y servir con celo apostólico (cfr. nn. 45-46) en colaboración con los integrantes de la Familia de los Siervos (cfr. nn. 78-82)
Los Siete Primeros Padres
4. Nuestra Orden nació en Toscana, Italia, hace más de siete siglos, no según algún proyecto humano hecho por miembros de la Sociedad Mayor de Santa María en Florencia, sino por voluntad de Dios y por intervención de la bienaventurada Virgen María, Nuestra Señora (cfr. LO 24). Según el designio de Dios, los Siete Primeros Padres siguieron el consejo evangélico de Cristo: una cosa te falta: vende cuanto tienes, repártelo a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme (Lc 18, 22). Abandonaron todo para seguir a Cristo y vivir el Evangelio en comunión fraterna, al servicio de la Virgen su Madre (LO 18). Escogieron tener todo en común, como en la primitiva comunidad cristiana (cfr. Hch 4, 32; Regla 4-8). Nuestra Orden, presente ya en los cinco continentes y en contextos lingüísticos, culturales, sociales y económicos muy variados, está consciente de ser precisamente “internacional” y advierte la necesidad de simplificar las estructuras (cfr. nn. 47-55, 65-77) y de favorecer una mayor colaboración y comunión de bienes entre las jurisdicciones (cfr. nn. 56-64).
Revisión constitucional y Directorio General
5. En este sexenio 2007-2013, nuestro texto constitucional será revisado por el hecho de que algunos artículos podrían pasar al Directorio General que será elaborado (cfr. nn. 65-66) y también porque algunos decretos (cfr. nn. 51, 53, 54, 68), aprobados por tres capítulos generales consecutivos, podrían ser insertados en las Constituciones (cfr. Const. 312).
6. Les deseo a todos un camino sereno, junto con santa María, Madre y Discípula del Señor.
Roma, desde nuestro convento de San Marcelo,
el 12 de diciembre de 2007
memoria de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe
fr. Ángel María Ruiz Garnica, o.s.m.
Prior General
fr. Camille M. Jacques, o.s.m.
Secretario de la Orden
Y, dejando todo, lo siguieron.
(Lc 5, 11)
Los Siete Primeros Padres
encontraron la perla preciosa [...] y para procurársela
no sólo distribuyeron a los pobres cuanto poseían,
vendiendo todo según el consejo evangélico,
sino que también se ofrecieron con gozosa determinación
a un servicio fiel a Dios y a Nuestra Señora. [...]
Se desligaron ante todo de cualquier vínculo
para poder actuar libremente
y según justicia la unión deseada.
Dispusieron pues de sus casas y de sus familias:
a éstas dejaron lo necesario,
el resto lo repartieron a los pobres y a las iglesias
por el bien de sus almas,
estableciendo no conservar absolutamente nada para si
al momento de su unión. [...]
Todos, despojados de las preciosas vestimentas y cubiertos con hábitos más modestos,
tomaron en un primer momento una capa y una túnica de paño gris;
se sacaron las camisas de lino[1]
y vistieron sobre la carne el cilicio;
con sobriedad tomaban sus comidas y bebidas,
y sólo cuando era necesario;
rechazaban los atractivos sensuales,
con una perfecta observancia de la castidad;
dominando pensamientos, palabras, sentimientos y acciones,
trataban de mantenerlos dentro de los límites del exceso y el defecto,
y por lo tanto en el justo medio;
perseverando en la oración día y noche,
aprendían a complacer sólo a Dios;
huyendo del alboroto del mundo y la compañía de los hombres,
iban a las iglesias y a lugares recogidos y solitarios,
donde poder dedicarse más libremente a la contemplación.
(LO 17, 30)
TEXTOS
I. LA POBREZA EVANGÉLICA, UNA VUELTA A LO ESENCIAL: LÍNEAS INSPIRADORAS
Pobreza evangélica y vida religiosa
7. La vida religiosa atraviesa hoy un momento de grande prueba y debilidad. La cultura del bienestar y del consumo ha penetrado profundamente en la vida religiosa. La Orden entera está tomando consciencia –y es este el fruto más importante del capítulo general– de que la salida de la crisis actual pasa necesariamente a través de una renovada y decidida opción por la pobreza evangélica como modo de usar los bienes de que disponemos y como testimonio de nuestra fe y seguimiento de Cristo.
La Orden percibe que tiene un futuro, pero comprende también que la vía del futuro pasa a través de la opción por la pobreza. Por lo demás, la opción de la pobreza como primer paso para todo camino espiritual siempre ha caracterizado el monaquismo, aun anterior o externo al cristianismo.
Pobreza evangélica: condición y opción
8. La pobreza es la condición de la criatura, que recibe sí misma como un don de las manos de Dios: de Él ella recibe sustento y en Él encuentra el sentido de su vida, consciente de ser al mismo tiempo vaso de oro y vaso de greda (2Tim 2, 20).
Pero la pobreza evangélica es también una opción que cada fraile Servo de santa María está llamado a renovar cada día: opción a cumplir no por amor de la pobreza en sí misma, sino por amor de Cristo, de lo que sólo Él tiene y puede dar.
Dejando todo, lo siguieron (Lc 5, 11). El acento en esta frase no hay que ponerlo sobre las palabras dejando todo, sino sobre lo siguieron [a Cristo]. En dejar no hay tristeza sino la alegría del descubrimiento de un tesoro en el campo, de una perla preciosa. Dejan todo, para tener todo; dejan el mundo para recobrar el mundo en otro modo (no hay nadie que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o campos... que no reciba ya en el presente cien veces tanto en casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y campos, cfr. Mc 10, 30), para gozar de la belleza de las cosas sin necesidad de poseerlas. Ésta es la conversión. Una conversión que no puede ser sólo fruto de buena voluntad, sino que es don y gracia, a solicitar siempre y luego a avivar con la contemplación, la familiaridad con la Palabra de Dios, las opciones de vida; una conversión que es renacer desde la Palabra.
Pobreza y seguimiento
9. En la pobreza como modalidad del seguimiento de Cristo se ha hecho así evidente la continuidad con el capítulo general 2001, en el cual la primera entre las prioridades indicadas era la búsqueda y la experiencia de Dios. En este capítulo general se precisa que Aquel que la Orden busca tiene un nombre, el Dios de Jesús, y que la condición para encontrarlo es “dejar todo”.
La Orden está inquieta. La Orden está en búsqueda. La Orden está insatisfecha. Ella siente que lo que tiene no le basta, y al mismo tiempo le es de sobra. Le es de sobra, como lo fue para David que, teniendo que afrontar al gigante Goliat, le dijo a Saul, que lo había revestido con su coraza, le había hecho ponerse el yelmo de bronce, lo había ceñido de su espada: “no puedo caminar con todo esto”. Y David se sacó todo de encima... (1Sam 17, 38-39).
Hoy la Orden repite: “no logro caminar con todas estas cosas”.
Pero también siente que “estas cosas” no le bastan, porque no pueden satisfacer su sed profunda; porque son la ilusión de quién, pobre de espiritualidad, de amor, de Dios, trata de llenar con ellas su vacío interior.
Pobreza para la fraternidad
10. En la tradición de los Siervos, por pobreza se entiende comunión de bienes (Const. 57). Hemos elegido la pobreza por amor de la fraternidad. Desde la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 2, 44-45) poner en común los bienes es señal eficaz de comunión. Así los Primeros Padres, después de haber dejado bienes, casas y familias, renuevan la opción de la pobreza evangélica suscribiendo un ‘acto de pobreza’[2] con el que se empeñan a no poseer nada para que nada los pueda separar el uno del otro, y por lo tanto desnudos, al desnudo Señor siguieron (D. M. Turoldo).[3]
El nombre mismo que los Padres escogieron para sí, “siervos”, anuncia un modo alternativo de vivir, indica servicio y no poder, pobreza y no riqueza, acogida y no abuso, marginalidad y no centralidad, cuidado y no dominio de la vida. El nombre de “Siervos de María” lleva en sí el particular colorido de los anawim, los pobres de la Biblia, que, como María, la pequeña sierva, saben que solos no pueden nada y se encomiendan a Aquel para el cual nada es imposible (Lc 1, 37).
Análogamente, casi todas las fundaciones contemporáneas a los orígenes de la Orden han elegido nombres que indica una visión nueva de la fe y de las relaciones humanas (frailes Menores, Humillados, Pobres de Cristo...). El nombre mismo ya es mensaje evangélico, eco y memoria viva de Aquella que se ha dicho sierva (Lc 1, 38), de Aquella a quien Dios ha mirado por su “pobreza” (cfr. Lc 1, 48).
Posesión de bienes y comunión
11. Examinando las varias realidades de la Orden, el capítulo general se ha dado cuenta que algunas comunidades se comprometen a crecer en la comunión a través de la comunión de los bienes, mientras que otras se caracterizan por algunos aspectos de separación. La llamada a la comunión es frustrada a veces también por el empleo individual de las cosas y del tiempo.
La autosuficiencia de los frailes que tienen cuenta bancaria personal, el uso individual de un automóvil, que disponen de ordenador personal, de Internet en su habitación, de celular, de televisión personal, puede llevar a separarse de los hermanos, a la disminución de la vida común, a no saber anteponer las cosas comunes a las propias (Regla 31; cfr. 1Cor 13, 5).
De este modo el fraile da cada vez menos tiempo a los hermanos, comparte cada vez menos sí mismo; su participación a la vida comunitaria es débil y escasa; la creciente separación de los hermanos es disfrazada por una presencia puramente formal a la oración y a la mesa.
Poder y fraternidad
12. El capítulo general advierte cómo el poder y la autoridad pueden ser una forma de riqueza, cuyo uso impropio puede profundizar diferencias y divisiones.
La experiencia ha enseñado que el abuso en el ejercicio de la autoridad puede hacer que algunos hermanos se sientan víctimas o excluidos. Allí donde un abuso de poder ha creado división, dolor y resentimiento, hay necesidad urgente de un cambio radical de actitud que conduzca a una plena reconciliación y por lo tanto a una mejoría de la calidad de vida fraternal.
Para que la vida común sea feliz y vivificante, una vez más los frailes elijan el perdón, la humildad, la sencillez, la esencialidad, la purificación de la memoria para crecer en el auténtico espíritu de servicio.
Poder y servicio
13. El uso equilibrado y respetuoso de la autoridad es importante también en nuestro ministerio apostólico. Nuestro servicio tiene que favorecer la plena participación de los fieles laicos con sus dones y talentos. Si, a ejemplo de Cristo, nos hacemos pobres en el uso de nuestro poder, los fieles serán generosos en poner a disposición sus talentos.
Atentos a los signos de los tiempos, nos empeñaremos en un continuo análisis de la realidad en tan rápida transformación, para dar una respuesta cristiana para la solución de los problemas del ambiente y de la sociedad (Const. 116).
Pobreza para una gran Alianza
14. Heridos por el inmenso llanto del mundo, hemos escogido la pobreza para superar las numerosas barreras que todavía dividen al hombre del hombre (cfr. Const. 74): sin pasión por el hombre no hay pobreza. Desde la comunidad nuestra fraternidad se expande conducida por un sueño de alianza con todo lo que vive bajo el sol.
La comunidad que considera a los pobres como herencia recibida del Señor y dispone concretamente los propios bienes en su ayuda (Const. 62, 289/c) puede decirle al mundo, con su propia vida, que el bien no está en el mayor provecho, sino en una comunión cada vez más amplia y profunda; que el verdadero progreso no consiste en el crecimiento económico, sino en la abolición de las barreras. La pobreza puede ser entendida también como solidaridad.
Cristo, de rico que era se hizo pobre (2Cor 8, 9). El pobre es el lugar teológico donde el Hijo del Hombre se muestra al hombre. Cristo está todavía crucificado en sus hermanos (Const. 319) que sufren o son perseguidos. La vía que él ha trazado para llegar al Reino pasa por la Cruz y la pobreza, pero nosotros a veces hemos seguido otras vías.
El capítulo general está agradecido a los hermanos que, pobres con los pobres, ponen la vida a su servicio, y los bendice. Pero siente también que el compromiso de algunos no basta; siente, con tristeza, haber faltado a la pobreza evangélica. Siente que ahora es el tiempo para la conversión del corazón.
Por esto, en nombre de la Orden, el Capítulo General de los Siervos pide hoy perdón a Dios y a los pobres por haber ignorado sus voces; por haber callado cuando era necesario levantar la voz en su defensa; por no haberlos visto siquiera cuando, como el pobre Lázaro, estaban a las puertas de nuestras casas, de la casa grande que es el mundo, limosneando pan y fraternidad; pide perdón a los pobres por su limosna hecha sin amor y sin justicia.
Alianza con nuestro mundo
15. El capítulo general a menudo se ha referido al fenómeno mundial de la pobreza económica y a los mecanismos de injusticia que aumentan siempre más la brecha entre ricos y pobres. Declaramos inaceptable esta creciente diferencia.
La admonición del papa Paulo VI, en la carta encíclica Populorum Progressio (26 de marzo de 1967) es todavía válida: Se trata de construir un mundo donde todo hombre pueda vivir una vida plenamente humana … donde el pobre Lázaro pueda sentarse a la misma mesa que el rico (nº 47). Los sufrimientos padecidos por nuestros hermanos y hermanas en las varias partes del mundo nos alcanzan.
Son rostros de pueblos en guerra; rostros de niños, víctimas de violencia, hambre, abusos, abandono; rostros de mujeres, violadas, compradas y vendidas; facciones de indígenas, expropiados por siglos de tierras, cultura y fe; rostros de desterrados y de migrantes, en busca de supervivencia y dignidad; rostros de presos, que repletan las infinitas cárceles del mundo; rostros de enfermos que muestran nuestra precariedad, a menudo también víctimas de intereses ciegos, de epidemias, de la terrible plaga del sida. Rostros de trabajadores precarios y sin garantías, privados de la esperanza de un futuro mejor. Rostros de niños no nacidos.
Y otros millares de semblantes de una humanidad herida que reclama respeto, derecho de vivir y de participar en la construcción de una tierra nueva, más justa y fraterna.
A estos hermanos y a su grito tenemos que responder de algún modo.
Alianza con la creación
16. Así también tenemos que contestar a la grave agresión que la tierra misma padece a causa de la explotación salvaje de los recursos del planeta, y que amenaza de comprometer la existencia misma de la humanidad. La búsqueda afanosa de riqueza está engendrando un riesgo de muerte para el entero planeta. Ejemplo doloroso de ello son el calentamiento global, la contaminación, la privatización del agua, el derroche, la destrucción de la floresta amazónica.
Nuestros Primeros Padres, en la soledad del Senario, cultivaban el respeto por la naturaleza y la devoción hacia la creación como don de Dios (cfr. LO 41). También hoy algunos Siervos promueven la responsabilidad ecológica, otros defienden activamente los recursos de la tierra, pero junto con ellos todas las comunidades tienen que crecer en el amor y en el respeto de la creación, poniendo particular atención a la sobriedad del estilo de vida, al uso consciente del agua y de la energía, al testimonio contra el consumismo.
Un progetto urgente: la Floresta Amazónica
17. En el ámbito de la alianza con la creación el capítulo general hace propio un proyecto presentado por los frailes de Brasil y lo propone a toda la Orden: asumir la defensa de la floresta amazónica; proyecto común,[4] pues, en el cual no se deja sola la voz y la obra tenaz y atrevida de algunos Siervos y del mismo Episcopado Latinoamericano (Documento de Aparecida, mayo de 2007).
El capítulo general invita a todos los integrantes de la Familia de los Siervos a participar en este proyecto. Invita a cada jurisdicción a comprometerse en actividades educativas y promocionales en defensa de la floresta, posiblemente involucrando también a las conferencias nacionales de vida consagrada.
La pobreza de los Siervos
18. En comunión con la tradición de la vida monástica, la Orden ha vivido la pobreza según el mandato “ora y labora”. En efecto las Constituciones delinean el rostro de la pobreza con estos sobrios trazos: trabajo, comunión de bienes, modesto tenor de vida (cfr. Const. 57), cuidado y desprendimiento en el uso de los bienes (cfr. Const. 62). Dos veces se reconfirma para los Siervos el deber de ordenar lo que poseen al servicio de la comunidad, de la Orden y de los pobres (cfr. Const. 62, 289/c).
De ello se deriva que si una comunidad no destina una parte importante de sus propios haberes a los pobres, y esto no ocasionalmente sino como proyecto, no vive según las Constituciones, no puede decirse comunidad de los Siervos.
Pobreza evangélica, una opción personal
19. La pobreza del Siervo de María no es optar por una perfección individual. Sin embargo me toca personalmente, siento que no vivo según la pobreza, que no soy libre en el corazón del deseo de cosas, que no me falta nada y que sin embargo me he creado muchas exigencias inútiles, que he torcido la palabra de la Regla de San Agustín: es mejor tener menos necesidades que poseer más cosas (Regla 18). ¿Cuáles cosas tengo que dejar yo? Yo, que experimento la distancia entre la propuesta radical del Evangelio y los pobres pasos que con esfuerzo logro hacer, que mientras sigo buscando artimañas para justificarme postergo la urgencia de decidir...
El Evangelio nos pide mucho más, exige un cambio de nuestra vida. Si el ideal es sólo proclamado, es dañino; si la Palabra no se encarna en opciones concretas, no es sólo vaciada sino peligrosa: mi y nuestra incoherencia salen reforzadas.
Algunas indicaciones
20. Por lo tanto cada fraile tome consciencia de que con la fallida observancia de la pobreza evangélica concurre al decaimiento de la propia Orden, porque entra en una crisis de identidad y pierde los valores fundantes. En efecto la Orden es una humilde tienda de la Palabra, movida por el viento del Espíritu y conservada por la pobreza (LO 44).
Por esto el capítulo
general hace suyo y repropone el texto final de la Comisión Pre-capitular sobre
el Testimonio de Pobreza Evangélica[5]
como estímulo para continuar la reflexión, y exhorta a cada fraile y cada
comunidad a acoger con corazón sencillo y atento las indicaciones ofrecidas, y a
trabajar para cumplir y actuar, en este sexenio, opciones concretas, señales
humildes y prácticas, en que se haga visible la gozosa pasión por Cristo y la
exigente pasión por el hombre
II. COMUNIDAD DE LOS SIERVOS DE MARÍA
Igualdad en comunidad
Declaración
21. Las Constituciones se dirigen, sin distinción, a todos los frailes que viven su consagración religiosa, en el intento de alcanzar la perfecta dignidad y libertad de los hijos de Dios (Const. 8) y dedicarse al servicio de todos los hombres.
El capítulo general invita a expresar la misma dignidad e igualdad de todos los frailes (cfr. Const. 9, 10, 17) en toda forma de lenguaje y comportamiento, y a eliminar de la comunidad lo que divide y ofusca la transparencia de la vida fraterna.
Pide, además, que en los varios niveles (consejos, capítulos provinciales, comunidad) se acoja y se aliente, en profundo respeto de la identidad del fraile Siervo de María, la vocación del fraile laico. Para estos hermanos que no acceden al presbiterado se estudien otras formas de servicio significativo y expresivo del carisma de la Orden, previa adecuada especialización profesional y formación teológica de base (cfr. Const. 159, 161).
Pobreza, experiencia personal y vida común
22. El capítulo general 2001 llamaba a la Orden a comprometernos a recualificar nuestras comunidades, para que sean cada vez más lugares de escucha y espera, de búsqueda y de experiencia de Dios, escuela de servicio divino y humano.[6] Nuestra vida consagrada tiene los fundamentos sobre la roca de una fe radical y sobre la experiencia de Dios y tiene sentido y sabor si se convierte en testimonio de cómo buscar el Reino de Dios y su justicia (Mt 6, 33). Entrando al seguimiento de Cristo con la profesión de los tres votos, hemos declarado al mundo que elegimos las categorías del Reino como nuestros Primeros Padres (cfr. LO 17).
23. El capítulo general les recuerda a todos los frailes que, en la historia de la Iglesia y la vida consagrada, son tres los ámbitos en que la pobreza evangélica ha sido principalmente percibida: pobreza personal, pobreza comunitaria y opción por los pobres.
Cada fraile, pues, tome conciencia y siéntase responsable, en primera persona, del hecho que, con la fallida observancia de la pobreza evangélica –como, por ejemplo, el empleo exagerado de los bienes, de los medios de comunicación, de los medios de transporte, del vestuario, de la comida, de las comodidades, el crearse exigencias inútiles– concurre al decaimiento de la propia Orden.
Declaración
24. Con referencia a los artículos sobre la pobreza personal y comunitaria de la Regla de San Agustín (nn. 4-6, 31) y de las Constituciones osm (57-70, 147) el Capítulo General vuelve a recordar cuanto sigue:
a) El fraile no puede guardar para sí dinero procedente de jubilaciones, sueldos y ofertas, como tampoco podrá tener cuentas bancarias personales, a menos que no tenga un permiso explícito de los superiores mayores.
b) El fraile y la comunidad sean educadas a la consciente valoración de los precios y los costes de la vida, evitando el derroche y lo superfluo. Cada fraile, a través de su laboriosidad, atención y cuidado, contribuya a la gestión económica de la comunidad dando el buen ejemplo con un estilo personal sobrio y esencial de vida. En el don de sí, ponga al centro de los intereses no su propio bien sino el bien de los demás.
c) Signo de pobreza es también nuestra relación con los hermanos de la comunidad y con el ambiente, evitando el protagonismo, el individualismo y el uso del poder religioso. El diálogo verdadero y sincero[7] sea el medio con el cual nos liberamos de nuestro egocentrismo, para crear cada vez más un consenso colegial sea en el ámbito comunitario, sea en la colaboración con los laicos (cfr. Const. 107).
d) El hermano enfermo, anciano, problemático, y la falta de vocaciones y personal, nos permite ejercer el don de si mismo respecto a quien ya no es autosuficiente. El cuidar del otro, el dar tiempo al otro, el acompañar y sostener al débil en nuestras comunidades se convierte en una forma de despojo del propio yo para dar la vida por los demás (cfr. Jn 15, 13; 10, 11).
e) Expresamos nuestra pobreza a través de la compasión y la reconciliación, teniendo en cuenta la fragilidad y debilidad humana y evitando juicios y condenas (cfr. Const. 56).
f) Las comunidades ya existentes que viven una pobreza evangélica radical estén abiertas a acoger, con el permiso de los superiores mayores, a otros frailes que deseen vivir el mismo estilo de vida, o sea, pobres entre los pobres (cfr. Const. 58).
Declaración
25. El Capítulo General propone cuanto sigue:
a) Cada Comunidad y cada Provincia decida a fin año la parte del superávit financiero a poner a disposición de la Orden, de los pobres (cfr. Const. 62, 289c) y de proyectos indicados por el Consejo General. La decisión sea tomada en acuerdo con el Prior Provincial y su Consejo. En los encuentros de los priores y vicarios provinciales con el Prior General y su Consejo se decida para cuáles necesidades concretas tenga que ser destinado ese dinero. El Prior General y su Consejo estudien cómo la Orden pueda participar en la anulación de la deuda internacional que pesa sobre muchas naciones del mundo.
b) El Prior General y el Prior Provincial en las visitas canónicas examinen y afronten con firmeza y medida los siguientes puntos: el empleo del dinero, como es gastado o acumulado, qué tren de vida lleva la comunidad y cuál es el cuidado del entorno y la casa.
c) El Prior Conventual a través del Capítulo, incentive a la comunidad a una toma de conciencia respecto a la pobreza y sea firme en denunciar abusos, distracciones o indiferencia. En el Capítulo Conventual se establezca también el estilo y el tenor de vida a asumir respecto al territorio donde la comunidad está situada, evitando un estilo de vida contradictorio que se convierte en contratestimonio, como el empleo de cosas caras, objetos personales llamativos, la búsqueda del último producto tecnológico (ordenador, celular, cámaras fotográficas),[8] vacaciones y descanso en lugares dispendiosos.
26. El conocimiento de la historia de la Orden, de nuestra tradición, de nuestra espiritualidad, de la Regla de San Agustín, y de las Constituciones son una riqueza de nuestro patrimonio histórico y espiritual que nos ayudará, a ejemplo de los Siete Santos Padres, a buscar siempre más la pobreza evangélica.
Casas generalicia
Decreto
27. Las comunidades inmediatamente sujetas a la jurisdicción del prior general están a servicio de toda la Orden o expresan un particular servicio de toda la Orden a una Iglesia particular (Eger).
Colaboración
a) Para su composición y para garantizar los medios para su específico servicio, todas las provincias y los vicariatos deben colaborar eficazmente con el prior general, sea con la disponibilidad en personal, sea con medios financieros u otros.
Programación anual
b) El consejero general indicado por el prior general, convoca a los priores de las casas generalicias con el objeto de elaborar un programa anual para llevar a la práctica cuanto el capítulo general solicita con respecto a la formación permanente y para otras iniciativas que favorezcan la comunión fraterna.
Monte Senario
Declaración
28. El Capítulo General declara nuevamente que el Sacro Convento de Monte Senario es la patria espiritual de toda la Orden[9] y permanece por lo tanto bajo la jurisdicción del Prior General. El Capítulo General solicita:
a) A la comunidad, que se comprometa en una fuerte experiencia de vida espiritual y fraterna; que dé más amplio espacio a los aspectos de la vida contemplativa (cfr. Const. 4); que acoja sesiones de formación permanente.
b) Al Consejo General, que verifique, en diálogo con la conferencia regional, la oportunidad de establecer allí el noviciado común para las provincias europeas.
c) Al Consejo General y al Consejo de la Provincia “Santísima Anunciada”, que pongan al día la Convención sobre Monte Senario
Declaración
29. Por lo que atañe al “Proyecto común” en Monte Senario (23-24 de mayo de 2007)[10], apoyado también por la comunidad de Monte Senario[11], el capítulo general considera suficiente hacer referencia a las indicaciones de las Constituciones, art. 78.
Eger
Decreto
30. El Consejo General tiene plazo hasta el 2009 para revisar el “Proyecto Hungría” de 1998 (propiedad de la Provincia Húngara, comunidad de Eger, jurisdicción) en diálogo con la comunidad de Eger y la Familia Servita húngara.
Conventos históricos a valorizar
31. Con el término “históricos a valorizar” se indica el compromiso de parte de quien tiene la responsabilidad jurídica sobre estos conventos de hacerlos resplandecer de vida servita, a beneficio de los frailes y de toda la Familia de los Siervos.
Declaración
El Capítulo General pide a las provincias que continúen con cuidado la salvaguardia y valorización de algunos conventos “históricos”, considerados en la Orden de fundamental importancia y significado por los siguientes motivos:
a) Porque remontan a los orígenes de la Orden o de las provincias;
b) Porque en ellos vivieron nuestros Fundadores;
c) Por sus hechos históricos, genuinamente recogidos en las antiguas Legendae;
d) Por la presencia de testimonios históricos, aun recientes, e iconográficos –sobre todo marianos– que contribuyen a configurar luminosamente el carisma de los Siervos.
En la eventualidad de que una jurisdicción ya no se encuentre capacitada de garantizar la subsistencia de uno de tales conventos, el Consejo General procederá a consultar a toda la Orden, con el fin de encontrar una solución positiva de continuidad de tal patrimonio de los Siervos.
III. DESARROLLO PERSONAL DEL SIERVO DE MARÍA
Declaración
32. El capítulo general considera fundamental reexaminar el ámbito de la animación vocacional, de la formación inicial, de la formación de los formadores y de todo aquello que pueda favorecerlo, bajo el punto de vista de la pobreza, con la intención de confirmar o suscitar en la Orden valores y decisiones que nazcan de la necesaria confrontación entre la pobreza evangélica y los desafíos concretos que la Iglesia y el mundo contemporáneo indican y solicitan para vivirla auténticamente.
Para sus propuestas el capítulo general se inspira en el valor constitucional de la comunión de bienes, para que ella oriente a cada fraile a poner al servicio de la comunidad y de los hombres y mujeres de nuestro tiempo todas las energías, las capacidades, el tiempo y el fruto del propio trabajo (cfr. Const. 57 b).
Decreto
33. El Capítulo General confirma la validez y la importancia de la Ratio Institutionis [RI][12] y llama a todos los frailes involucrados en la animación vocacional, en la formación inicial y en la formación de los formadores, a observarla adaptándola a las situaciones y necesidades de las distintas regiones de la Orden y de las Iglesias locales.[13]
Animación vocacional
Decreto
34. Para la animación vocacional, el Capítulo General decreta cuanto sigue:
a) Consciente de que cada vocación es don de Dios, el Capítulo General invita a cada fraile y cada comunidad a asumir la tarea del despertar de las vocaciones a la Orden con convicción, responsabilidad y esperanza, y a actuar un serio programa vocacional, que surja de un coherente estilo de vida (cfr. Const. 127).
b) Las comunidades imploren del Señor, por la intercesión de la Virgen Nuestra Señora, el don de nuevas vocaciones en la Familia de sus Siervos (cfr. Const. 30).
c) Dado que las comunidades son el primer lugar para acoger al joven en búsqueda vocacional, el Capítulo General considera importante que:
– cada fraile nutra confianza y esperanza por el futuro de la Orden, no obstante las dificultades del tiempo presente;
– cada fraile se muestre hospitalario hacia quien está en búsqueda vocacional y esté dispuesto a ofrecerle acogida y atención apropiada;
– cada comunidad designe a un fraile para acompañar a quien es acogido en el comunidad para un discernimiento vocacional.
d) Se evite una presentación parcial de la vida consagrada servita limitada predominantemente al aspecto presbiteral.
e) Las comunidades reúnan a los jóvenes para actividades vocacionales (campamentos, ejercicios espirituales,...), para favorecer el enriquecimiento y el conocimiento de la Orden. En estos encuentros sean imvolucrados nuestros jóvenes en formación.
f) Haya un promotor provincial que desarrolle un papel de coordinación y animación de los encargados comunitarios y con ellos programe y evalúe la pastoral vocacional (cfr. Const. 128).
g) Los responsables de las jurisdicciones garanticen el apoyo financiero para las actividades específicas.
h) El Capítulo General, ya que considera la animación vocacional como una prioridad en la Orden, pide al Consejo General que nombre a un Coordinador General para la Animación Vocacional y que establezca sus deberes y las formas de colaboración con el Secretario para la Formación y los Estudios. El Coordinador no debe ser miembro del consejo general ni tiene la obligación de residir en Roma.
Formación inicial
Decreto
35. Ya que el recorrido formativo debe ayudar al fraile a entrar en comunión con los hermanos para compartir todo con todos y usar los medios disponibles para la edificación de la comunidad, el Capítulo General pide que cada fraile desde el principio del camino formativo aprenda a administrar el dinero recibido con responsabilidad e informe con transparencia al respectivo responsable.
La pobreza evangélica requiere vivir del propio trabajo (cfr. Const. 118; RI 106, 108). Este no se basa únicamente sobre los compromisos pastorales y sobre el culto.
El Capítulo General, a la luz de la Ratio Institutionis n. 31, afirma que:
a) Desde el principio de su camino, los jóvenes sean formados a considerar el estudio como un trabajo que solicita compromiso cotidiano y responsable. El maestro de formación evalúe periódicamente con cada fraile estudiante la fidelidad y el progreso en el estudio.
b) Para los períodos extra-escolares se programen experiencias de trabajo dependiente o de voluntariado como integración del camino formativo para confirmar la consciencia de que el pan cotidiano es fruto del propio trabajo (cfr. Const. 59).
Formación permanente
Decreto
36. El capítulo general es consciente de que la pobreza evangélica es una luz significativa para reexaminar nuestra identidad (cfr. Const., cap. I) y acrecentar la vitalidad a la Orden.
Cada fraile y cada comunidad es consciente de la propia pobreza en relación a la vida espiritual, a la lectura de la situación eclesial y el mundo en que vivimos.
El Capítulo General confirma, además, la validez de lo decretado en el Capítulo General 2001, nn. 17-20, concernientes el proyecto personal, el proyecto comunitario y las indicaciones para la formación permanente.[14] Es consciente, en efecto, que la demanda de formación permanente que proviene de toda la Orden[15] permanece de urgente actualidad.
Secretariado General para la Formación Permanente
37. El Capítulo General, pues, para actuar este camino de formación permanente, con la intención de favorecer un camino de unidad entre todas las comunidades de la Orden, pide al Consejo General (cfr. Const. 285b, 286) que sea constituido el “Secretariado General para la Formación Permanente”.
Composición del Secretariado
El Responsable del Secretariado es un Consejero General u otro fraile elegido por el Consejo General, que trabaje en sinergía con éste. Él se valdrá de la colaboración de un número suficiente de personas, posiblemente de todas las expresiones de la Familia de los Siervos, fuertemente motivadas acerca de la necesidad de la formación permanente.
Tareas del Secretariado
a) Establecer cada año un tema y proveer material (p. ej. fichas) para una reflexión común a todas las realidades de la Orden. Tal tema será profundizado:
– En algunos capítulos conventuales, particularmente en los momentos fuertes del año litúrgico (Adviento y Cuaresma) pudiendo valerse de religiosos y laic