PROMOTORES DEL CULTO A SANTA MARÍA

PIEDAD
MARIANA:
ORACIONES DE LOS SIERVOS
La vida cultual no se agota en la celebración de ritos litúrgicos. Ella trae alimento y se expresa también a través de acciones cultuales que no pueden decirse propiamente litúrgicos. Son los “ejercicios piadosos”. Dice la SC. n. 13 “Es necesario … que dichos ejercicios piadosos, teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, sean ordenados de manera que estén en armonía con la sagrada liturgia, de ella toman de muchas manera inspiración, y a ella, dada su naturaleza de mayor importancia, conduzcan al pueblo cristiano”. La Orden por medio de una Comisión Litúrgica Internacional ha buscado proponer el tesoro de la tradición con una nueva presentación siguiendo los siguientes criterios: a) fidelidad a la tradición; b) Atención a nuestro tiempo y a la sensibilidad contemporánea; c) Inspiración litúrgica; d) Otros criterios: orientación bíblica, atención a las dimensiones trinitarias, cristológicas y eclesiales, orientación antropológica y ecuménica; e) La “via pulchritudinis o atención al valor constituido por la belleza y tradición en la Orden. Presentamos solamente algunas notas sobre cada celebración. Para mayor información y solicitud de dichos formularios se pueden solicitar a la dirección de esta página web.
LA BENEDICTA ANGELUS DOMINI CORONA DE LOS DOLORES VIA MATRIS HIMNO AKATHISTOS LETANÍAS LA HORA DE LA MADRE EL AVE MARIA
SANTUARIOS MARIANOS
"Los Santuarios son lugares donde la intercesión de le Virgen María se hace sentir en modo especial y centros de vida litúrgica y penitencial, fuente de espiritualidad y de genuina piedad popular". Desde los orígenes, nosotros, sus Siervos, dedicamos nuestras iglesias a santa María. Levantamos la mirada hacia ella, Madre y Sierva del Señor. Es ella la imagen y modelo de todo santuario. «Fue "llena de gracia" porque fue vacía de sí». Así también tiene que ser nuestro santuario interior, nuestra vida consagrada. Estar vacíos para ser llenados del Espiritu Santo. Dejar todo para seguir a Jesús de cerca. como María, cuenta solo Él.
SANTÍSIMA
ANUNCIACIÓN
MONTE BERICO
FOLLINA
VIRGEN
DE LA GHIARA
S. MARIA DE
LAS GRACIAS
PESARO
PIETRALBA
PORTLAND VIRGEN DEL POZO
SUPERGA
SOCAVÓN
o pequeño oficio a Santa María.
Corría el siglo XII, el gran siglo de la piedad mariana.
Florecieron un poco por
doquier,
pero especialmente en ambiente monástico, pequeños oficios para celebrar a Santa
María y pedir la protección. Uno de esos, permaneció en uso hasta nuestros días
en algunas Ordenes religiosa, entre las cuales la de los Siervos de Santa María,
que se llama: Vigilia de Domina (“Santa María Madre de la Misericordia”),
como una vigilia orante de los Siervos hacia su Señora, como una súplica hecha
por pecadores hacia la madre del perdón. El breve oficio consta de tres salmos y
de tres lecturas-oraciones. Las tres oraciones, dirigidas directamente a la
Virgen, son imploraciones a la Madre del Señor, misericordiosa e gentil, cerca
de Dios y cerca de los hombres, que junto al Hijo, le presenta su oración
virginal y piadosa en favor de sus hijos y sus siervos, perdidos y cargados de
su condición de pecadores. La antigua alabanza termina con el canto de la más
célebre antífona mariana del Medioevo: la Salve Regina.
Hoy se han creado formularios de oración para celebrar la Benedicta del Altísimo. Uno de ellos, ha sido compuesta por los frailes de nuestro tiempo, lleva por título “Santa María Sierva del Señor”.
El nuevo formulario consta de tres salmos que, por su contenido y actitud espiritual, son preludio profético del Magnificat, y de tres lecturas-oraciones que se inspiran en tres momentos esenciales de la vida de la Virgen: la anunciación, la visita de Isabel, la compasión junto a la cruz; o como alternativa, tres lecturas-oraciones que evidencia la intima relación de la Madre-Virgen con el Padre, Hijo y con el Espíritu Santo.
La nueva alabanza, como la antigua se concluye con una súplica a la Virgen María.
La Benedicta es una oración comunitaria, característica de la Orden de los Siervos de Santa María, pero puede ser usada con mucho fruto por otras comunidades religiosas, por grupos laicos y núcleos familiares; ella puede constituir también un obsequio personal a la Madre de Jesús.
Se puede orar según oportunidad, se sugiere las horas de la tarde del viernes, vigilia del sábado, día de nuestra Señora, que corresponde a su sentido de vigilia.
El “Angelus Domini” es la oración
tradicional con el cual los fieles tres veces al día –aurora, mediodía, al ocaso-
conmemoran el anuncio del ángel a María y la encarnación del Verbo de Dios.
El Angelus no nació en un determinado momento o en un lugar preciso, ni por obra de una persona o de un grupo determinado. Es de origen popular, la difusión fue favorecida sobre todo por los Frailes Menores y por las demás Ordenes Mendicantes, entre las cuales nuestra Orden. Por ejemplo; es conocido que nuestra Orden, desde el siglo XIII, había introducido el Ave Maria dentro de las “Reverencias” diarias de rezarse hacia la Domina (Señora). En la Orden de los Siervos el amor por el Angelus no se puede separar de la veneración por el misterio de la Anunciación, de la cual la basílica de Florencia con el célebre fresco de la Santísima Anunciación constituye una sublime expresión. La incidencia de la imagen de la Santísima Anunciación, por lo que ello representa y significa en la historia y espiritualidad de los Siervos, ha sido muy abundante en la Orden, la cual “desde la segunda mitad del siglo XIV conservó el Santuario florentino, y se puede de cualquier manera afirmar que gran parte de su historia –directamente o indirectamente- se haya desarrollado a los pies de aquella taumaturga imagen: “Virgen, Santa María, Madre de Gracias”.
Además de la oración tradicional se proponen tres formularios nuevos para ser celebrados, y se articulan sobre tres textos evangélicos relativos al misterio de la Encarnación: “Ecce Ancilla Domini, de Lucas 1, 26-38; Quod in Maria Nahum est de Spiritu Sancto est, de Mateo 1, 18-25; Verbum caro factum est, de Juan 1, 1-14. La estructura es: Invitación a la alabanza, Cántico del A.T. (IS 2, 1-10; Judit 16, 1-2.13-16:; Is 61 10-62,5), proclamación del Evangelio, Canto del Angelus, la Oración y Despedida.
A lo largo de los siglos
han surgido en la Iglesia, como expresión de piedad hacia la bienaventurada
Virgen, varias “coronas”. Entre esas sobresale el Rosarium beatae Mariae
Virginia, pero también una de las mas difundidas es la
Corona beatae
Mariae Perdolentis.
La Corona de la Dolorosa, por su contribución determinante de los frailes Siervos de Santa María le han dado a su formación y por el amor con la cual la han transmitido y divulgado en el pueblo cristiana, es considerada un ejercicio piadoso Propio de la Orden.
Actualmente se presentan dos formularios: el formulario tradicional que por sus contenidos y por la estructura armónica, tiene un innegable valor intrínseco y también un indiscutible valor histórico que tiene su origen en las muchas generaciones de laicos y Siervos y Siervas de María que con devoción y fructuosamente han orado con ella. En el formulario nuevo se han realizado retoques contenidos en una nueva edición siguiendo, sin embargo, la forma tradicional de la Corona –más allá del índole lingüístico- no toca la sustancia del ejercicio piadoso, sino añade solo elementos secundarios.
La Corona de los Dolores es celebrada por medios de dos formularios: uno tradicional y uno nuevo.
Los “Siete dolores” de la Corona en la forma tradicional son enunciados así:
1. María acoge con fe la profecía de Simeón (Lc 2, 34-35); 2. María huye a Egipto con Jesús y José (Mt 2, 13-14); 3. María busca a Jesús perdido en Jerusalén (Lc 2, 43-45); 4. María encuentra a Jesús en el camino del Calvario (Lc 23, 26-27); 5. María esta junto a la Cruz del Hijo (Jn 19, 25-27); 6. María acoge en su seno a Jesús que es bajado de la cruz (Mt 27, 57-58); 7. María pone en el sepulcro el cuerpo de Jesús, en espera de la resurrección (Jn 19, 40-42). A cada “dolor” se reza un padre nuestro y 7 aves Marías concluyendo con una jaculatoria y al final unas oraciones con la letanía propia de la Dolorosa.
El formulario nuevo es articulado también con 7 “dolores”. No esta en contrariedad con el primer formulario, sino simplemente como una oportunidad alternativa, es así como se ha compuesta para celebrar una particular ángulo del misterio del dolor de la Virgen. Se enuncian así: 1. Jesús, Hijo de Dios, nace en una gruta, no había lugar para la madre en el albergo (Lc 2, 1-7); 2. Jesús, Salvador del hombre, signo de contradicción (Lc, 2, 22-35); 3. Jesús, neonato Mesías, es perseguido por Herodes (Mt 2, 13-18); 4. Jesús, Hermano del hombre, es rechazado por sus paisanos (Lc 28-29); 5. Jesús, el Santo de Dios, es arrestado por los sumos sacerdotes y abandonado por sus discípulos (Mt 26, 47-56); 6. Jesús, el Justo, muere en la cruz (Jn 19, 25-27); 7. Jesús, Maestro y Señor, es perseguido en sus discípulos (Hch 12, 1-5).
El Via Matris dolorosae o
simplemente Via Matris es un ejercicio piadoso en el cual un grupo de
fieles o individualmente realiza un recorrido en un lugar sea en la calle
o
dentro de una iglesia, meditando los dolores de la Virgen María, madre y
cooperadora del Salvador, que sufrió durante la vida, en el cumplimiento de su
misión.
El Via Matris, aunque su origen ha sido fuera de la Orden, por la acogida que han dado y reservado los frailes Siervos de santa María y por el amor con el cuan la han divulgado, puede ser considerada un ejercicio piadoso propio de la Orden y, por su consecuencia, de la Familia de los Siervos.
La intuición fundamental del Via Matris es la de considerar la vida entera de la Virgen, desde el anuncio del arcángel Gabriel y el vaticinio de Simeón hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor. En el Via Matris, este camino esta articulado en siete “estaciones”, que corresponden a siete episodios, en la cual la piedad del pueblo cristiano ha localizado como los siete “principales” dolores de la Madre del Señor.
En la actualidad se presentan 5 formularios, con renovados episodios bíblicos y oraciones y de igual manera pequeñas letanías en algunos formularios.En la forma tradicional se enuncian así: 1. María acoge con fe la profecía de Simeón (Lc 2, 34-35); 2. María huye a Egipto con Jesús y José (Mt 2, 13-14); 3. María busca a Jesús perdido en Jerusalén (Lc 2, 43-45); 4. María encuentra a Jesús en el camino del Calvario (Lc 23, 26-27); 5. María esta junto a la Cruz del Hijo (Jn 19, 25-27); 6. María acoge en su seno a Jesús que es bajado de la cruz (Mt 27, 57-58); 7. María pone en el sepulcro el cuerpo de Jesús, en espera de la resurrección (Jn 19, 40-42).
En la actualidad se presentan 5 formularios, con renovados episodios bíblicos y oraciones y de igual manera pequeñas letanías en algunos formularios. I. Con María, madre y discípula, en el camino de la cruz; II. Con santa María, en el camino de la fe y del dolor; III. “Via Matris”, camino del amor de la Virgen; IV. “Via Matris”, camino de vida y servicio; V. El camino doloroso de María y el seguimiento del discípulo.
Cada esquema consta esencialmente de tres partes: introducción, serie de ‘Estaciones’, y conclusión; cada parte esta compuesta a su vez por varios elementos.
Akathistos, se llama por
antonomasia al himno litúrgico de la Iglesia bizantina del siglo V, que fue y
permanece como un modelo de muchas composiciones de himnos y
letanías, antiguas
y recientes.
Akathistos = ser cantado o recitado “estando de pie”, como se escucha el Evangelio, un signo de reverente obsequio a la Madre de Dios.
El himno consta de 24 ‘estancias’, como son las letras del abecedario griego con las cuales cada estancia empieza. Se divide en dos parte de 12 estancias cada una. La primera parte -litúrgico narrativa- comenta poéticamente las escenas de la infancia de Jesús celebradas en el ciclo de Navidad: Anunciación, Visitación revelación a José, Nacimiento del Señor, adoración de los pastores y magos, huida en Egipto, encuentro con Simeón en el templo. La segunda presenta la parte dogmática en el cual canta los fundamentales artículos de fe que se refieren a la Virgen María: vida virginal, concepción virginal, maternidad divina, parto virginal, perpetua virginidad, maternidad espiritual, mediación celestial: un auténtico compendio de doctrina mariana. Cada una de las dos partes se subdivide imperceptiblemente en dos secciones: una cristocéntrica, y la otra en eclesiocéntrica, de manera que la Madre de Dios es contemplada conjuntamente en el misterio de Cristo y la Iglesia.
Métrica, ritmo, poesía, teología, elevación espiritual se funden en el Akathistos. La estructura métrica del texto original es una precisión que se presenta como algo inverosímil: posicionadas las estaciones, incastrados los versos, predispuestos los acentos, enumeradas las sílabas, fijadas las pausas: un telar perfecto.
En los último años, los Siervos de María han acogido este grande obsequio que la Iglesia bizantina canta a la Madre de Dios y forma parte de las formas como los frailes veneran a Santa María.

Las Letanías de la bienaventurada Virgen María, por el fervor que gozan en el pueblo, ocupan un lugar importante entre las expresiones de piedad mariana. Las letanías son una forma de oración sencilla y fácil: dentro de una estructura hecha de forma repetitiva, lleva a favorecer una actitud contemplativa, la alabanza a santa María, varia e intensa, se funde armónicamente con la devoción misma de su intercesión: “ruega por nosotros” o “ven a ayudarnos”.
A lo largo de los siglos, en las varias Iglesias locales y en muchas familias religiosas, han florecido formularios de letanías de alabanza y súplica a la gloriosa Madre de Cristo. Florecieron también en nuestra Orden de los Siervos de Santa María. En su renovación después del Concilio Vaticano II, la Orden ha querido analizar y actualizar las expresiones de su piedad mariana. La Comisión Litúrgica internacional de la Orden ha preparado una colección de Suplicas titánicas a Santa Maria” con la cual los Siervos, que por esa atención a la piedad mariana que forma parte de su carisma original, busca elevar, por medio de estos subsidios, la veneración hacia su Señora.
Se presentan 12 formularios: 1. Letanías lauretanas; 2. Letanías de los Siervos de santa María; 3. Letanías de los novicios de los Siervos a santa María; 4. Letanías bíblicas a santa María; 5. Súplicas litánicas a santa María inspirada en la “Lumen gentium”; 6. Letanía a santa María Hija de nuestro pueblo: 7. Letanías de la Iglesia de Aquileia a la Virgen María; 8. Letanías a santa María de Monte Berico; 9. Letanías a santa María, mujer y madre; 10. Letanías a santa María Reina; 11. Letanias de santa María de la Esperanza y 12. Letanías de la Virgen de los Dolores.
El Viernes Santo es la “Hora” de
Cristo, en el cual después de haber amado a los suyos que estaban el mundo, los
amó hasta el extremo, consumando por ellos y por
los pecados de todos su
inmolación de Víctima en el altar de la Cruz; a sus pies, por divina voluntad,
estaba María, a él indisolublemente unida en el dolor y en el ofrecimiento.
El Sábado Santo es la “Hora” de la Madre, en la cual ella, la Mujer, la Hija de Sión, la Madre de la Iglesia, vivió la prueba suprema de la fe y de la unión al Dios Redentor.
La Hora de la Madre es una celebración que se inspira al rito bizantino que tiene por tema el dolor de Cristo y de la Madre, pero desborda de esperanza. Celebración enlazada por salmos y lectura, una selección de “troparios” (breves estrofas poéticas de canto). Se articula en 4 momentos rituales: 1) una parte introductoria, que prepara a la asamblea a revivir, en comunión con María, la esperada resurrección; 2) un primer momento de escucha de la Palabra, memoria de la fidelidad del Hijo y de la Madre hasta el supremo sacrificio; 3) un segundo momento de escucha de la Palabra, proyectada a la espera de la Pascua ya cerca, con sentimientos de la Madre que ha vivido en anticipación; 4) finalmente los ritos conclusivos que nos llevan con Maria al encuentro con Cristo resucitado.
Esta celebración ha sido pensada –aunque si no en forma exclusiva- para el Sábado Santo, para dar relieve justo a la presencia de la Virgen en el misterio pascual, según la doctrina tradicional y actual de la Iglesia.
El esquema de la celebración contempla: I. Ritos introductivos (Saludo, acto penitencial, oración e himno); II. Liturgia de la Palabra: primera parte (Salmodia y troparios, primera lectua y responsorio); III. Liturgia de la Palabra: segunda parte (salmodia y troparios, tropario final, Evangelio, responsorio y homilía o lectura de un autor sagrado) ; IV. Ritos de Conclusión (oración final, canto final y despedida).
Aunque esta celebración no proviene de los Siervos de María, los frailes buscan celebrar el papel de Santa María en el Misterio de la Redención de Cristo con esta celebración que año tras año se esta propagando en nuestros conventos e iglesias.

El Ave María es sin duda la oración mariana que resuena con más frecuencia en la vida cultual de la Iglesia.
La primera parte, divinamente inspirada, pone en los labios del orante la alabanza misma que el Altísimo dirigió, por medio del ángel, a María de Nazaret y ofrece una síntesis vigorosa del misterio de la Virgen: de su santidad y transformación realizada en ella por la gracia (“llena eres de gracia”), de la singular elección (“bendita tu entre todas las mujeres”), del favor con el cual Dios la acompaña en la misión que le confió (“El Señor esta contigo”), de su maternidad mesiánica y salvadora (“bendito es el fruto de tu vientre”).
La segunda parte es fruto de la experiencia de la Iglesia: de su fe en la maternidad divina (“Madre de Dios”), de su confianza en la intercesión materna y misericordiosa de la Virgen (“ruega por nosotros”), que acompaña al cristiano, débil y pecador (“pecadores”), en el camino de la vida: “ahora”, el presente como expresión concreta de vida y posibilidad única de actuar, y en “la hora de la muerte”, hora temida y deseada, de tinieblas y de luz, de dificultad y tranquilidad, de fin e inicio.
La estructura de esta celebración considera: I. Introducción (invitación a la alabanza, saludo y monición e himno); II. Parte primera: Ave María. (1. Alégrate María, 2. Llena de gracia, 3. El Señor es contigo, 4. Bendita tu entre todas las mujeres y 5. Bendito es el fruto de tu vientre); III. Segunda parte: Evangelio (Lc 1, 26-38); IV. Tercera parte: Santa María (1. Santa María, 2. Madre de Dios, 3. Ahora, 4. Y en la hora de nuestra muerte) V. Conclusión (canto del magnificat).